Perhentian está compuestas por 2 pequeñas islas: Kecil y Besar. Escogimos la primera que es la más pequeña y popular entre los jóvenes. Llegar hasta ahí fue fácil: Un bus, un speed boat y un pequeño bote taxi que nos recogió a unos 50 metros de la playa de Long Beach donde elegimos hospedarnos.

Llegamos muy temprano en la mañana y lo primero por lo que nos vimos asombrados es el sorprendente color del agua y su temperatura. Un azul marino claro a unos 25° que te permite ver fácilmente el fondo del mar. Comenzamos a caminar recorriendo casi toda la playa en busca de un lugar donde pasar la noche, pero un hostel de mal aspecto, algunos rústicos bungalows o mal llamados ¨chalets¨ completan la escasa oferta hotelera. Finalmente nos decidimos por un paquete, muy conveniente, en un resort que cuenta con un centro de buceo y un restaurante. Nos toco un bungalow privado, bien ubicado, de madera destartalada y ventanas descolocadas, con un reducido espacio oscuro que no proveía electricidad las 24 hs

Pasamos la mayoría del tiempo disfrutando del buen clima, las playas de arena blanca y el agua.  Franco se adentro en las profundidades del océano en 5 oportunidades para observar la amplia vida marina alrededor de la isla: Peces globo gigantes, Triggers, Barracudas, Snapers, Tiburones bamboo, Morenas, etc. La cereza del postre fue un barco mercante azucarero sudafricano hundido a propósito por sus tripulantes, en el año 2000, ya que los habían descubierto traficando sin pagar impuestos.

Sabrina, junto a Maraki y Oscar fueron a hacer snorkel, avistando tortugas gigantes, tiburones de corales y  cualquier cantidad de peces y corales.

De noche cenas en la playa, mesas bajas, shisha (narguila), shows de fuego y juego de cartas

Un destino precioso muy turístico pero aún poco desarrollado, con instalaciones precarias y falta de infraestructura en los servicios básicos, aunque nos termino atrapando por su belleza dentro y fuera del agua.

Pasar de Tailandia a Malasia fue como pasar del dia a la noche. El contraste fue rotundo, autopistas impecables, limpieza, mantención, autos último modelo, urbanización. Pasar por la frontera fue muy fácil. Solo un trámite de 5 minutos, un sello y un rápido chequeo de valijas. El primer destino fue Penang. Una mega ciudad, ubicada en una isla al noroeste de malasia, que fue colonia inglesa no hace más de 60 años. Pasamos un extenso puente que la conecta con el mainland para alojarnos en un gest house en el casco histórico donde se encuentran más de 1700 edificios tradicionales en un radio de 10 manzanas.

La ciudad es famosa por su comida debido a la fusión de culturas Indú, Malaya (Musulman) y China que se encuentra en ella. Los laureles son se los llevan los puestos callejeros de comida que podes encontrar en casi cualquier esquina. Generalmente son solo bicicletas con un stand enganchado a uno de los lados. Se instalan en las horas pico, encienden sus botellas de gas y comienzan a cocinar a velocidad inexplicable en woks y ollas de agua hirviendo

. Los menúes suelen ser variados, predominando los nudles, los currys y el arroz. Una cena aquí, con bebida, no suele superar los USD2,50.

El primer día llegamos de noche, y no hicimos mucho más que salir a comer guiados por un brochure que nos repartieron en el hostel explicandote los platos tradicionales, su significado, los ingredientes y donde es posible encontrarlos.

El segundo día lo pasamos en el hospital al otro lado de la ciudad ya que misteriosamente no tenían la vacuna para la rabia y tuvieron que salir a buscarla. Por suerte nos atendieron muy bien. De  noche cenamos en el Red Garden, un patio de comidas con muchísimas opciones. Un escenario en el centro adornado con luces, pelotas colgando del techo, colores, música en vivo y shows completaban la atmósfera

El tercer día nos encontramos con unas amigas Malayas que conocimos en Nueva Zelanda: Lay y May. De city tour nos llevaron a comer los 2 postres tradicionales: el Cendol y el y el Ice Kaka. El primero es un bowl de hielo triturado con leche y azúcar negro al que le agregan fideos verdes y porotos rojos. El segundo también hielo picado pero con jarabes de rosas , fideos, porotos y unas gelatinas. Fue raro, pero rico en fin.

De descendencia china, estas amigas nos llevaron en su auto a la cima de una colina cercana que alberga más de 7 templos budistas convirtiéndolo en el más grande de todo el sudeste asiático. Realmente imperdible. . Las invadimos con preguntas y nos explicaron acerca de sus creencias, costumbres y ritos

. Nos enseñaron a rezar y a preguntar a su dios por el futuro. Muy divertido e interesante

El último día por la mañana terminamos de recorrer la ciudad pasando por una mezquita musulmana, el museo, el fuerte, la pintoresca villa flotante al lado del puerto, y un tour a través de la mansión de la persona conocida como ¨El Rockefeller de Asia¨ Chang Tze Meng

Por la noche de vuelta en los puestos de comida, mientras buscábamos una mesa libre en la vereda, conocimos una pareja que amablemente nos ofreció sentarnos con ellos: Maraki, Greca y Oscar, Holandés viven en Amsterdang. Se encuentran viajando hace mas de 6 meses. Visitaron Latinoamérica y ya gran parte del SEA, se enamoraron de Buenos Aires y hasta pensaron por un momento irse a vivir a tierras porteñas. Entre charlas y anécdotas descubrimos que el próximo destino sería el mismo, y al día siguiente partimos rumbo a la costa Este de Malasia.

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El 17 de mayo por la mañana partimos en un ferry que nos llevaría en solo 2 hs a Koh Phi Phi (La hermana menor). Una pequeña isla que fue azotada por un tsunami en 2006 pero se hizo popular entre la comunidad de backpackers como un destino imperdible.

Y así es. Un lugar inmerso en un parque nacional marino protegido donde no está permitido ningún vehículo a motor, ni tampoco hace falta. Las distancias a cualquier lugar son fácilmente caminables. Los locales se trasladan en bicicleta haciendo sonar su campana, o diciendo ¨pi pi¨, exigiendo el paso. También transportan provisiones y valijas desde el puerto en una especie de carretillas caseras.

Gente relajada, pintorescos botes ¨long tail¨ posándose sobre el agua turquesa, calles angostas colmadas de bares, restaurantes, puestos de souvernirs e  innumerables centros de buceo hacen del lugar un sitio mágico. Si bien las playas eran bonitas, no fueron de las más lindas que vimos, ya que estaban plagadas de barcos o recuperándose de la catástrofe.

Al otro día por la mañana, tomamos una excursión que atravesaba el parque marino, un lugar deshabitado por seres humanos pero abundante vida marina, dado que está prohibido pescar. Tuvimos la oportunidad de hacer Snorkell y ver cientos de pececitos que se acercaban a saludar.

La mayor atracción es, sin duda, la costa de la película ¨La Playa¨ (Maya Bay), protagonizada por Leonardo Di Caprio en 1999. Ya que estábamos en una embarcación pequeña la única posibilidad de acceder era por la ¨puerta trasera¨. Llegar nadando para luego balancearte entre unas sogas, mientras las olas te apaleaban, para finalmente alcanzar unas escaleras. Algo peligroso donde no era difícil lastimarse. El lugar soñado. Una postal.

Otra parada fue ¨la playa de los monos¨, una pequeña costa que se hace ver cuando baja la marea y se llena de monos en busca de comida que arrojan los turistas. Estos aún salvajes no son muy amigables, y Sabrina fue mordida por uno de ellos en la pierna al intentar sacarse una foto de cerca. Nada grave, la llevamos al hospital local y le dieron la vacuna de la rabia para administrarse en 5 dosis.

Por la noche encontramos un restaurante de cocina italiana y en 2 ocasiones nos deleitamos con pastas y pizza. Muy lejos de las delicias argentinas y nada comparado con el pesto de mi viejo Tito, pero algo es algo a tantos kms de distancia.

De noche los espectáculos de fuego llenaban los bares de la playa. Mesitas bajas, pufs y juegos como el ¨Limbo¨ o saltar la soga de fuego al ritmo de la música. La gente participaba para ganarse ¨shots¨ o botellas enteras de alcohol. Super entretenido.

Al dia siguiente nos embarcamos para Koh Lanta (La hermana mayor), otra isla cercana, de influencia musulmana, esperanzados con encontrar playas paradisiacas donde terminar de formar un bronceado perfecto, pero en el puerto caímos en la tentación de confiar en un vendedor que nos ofrecía hermosos bungalows en un resort  con pileta, vista al mar, en la mejor playa de la isla.  Era todo casi cierto, lo que no nos dijo fue que no solo no estábamos en la playa principal, sino que alejado de bares, restaurantes o supermercados, muchos cerrados por la baja temporada. La habitación básica. La playa era rocosa en marea baja, y no había arena en marea alta. Una decepción. De todas maneras no impidió que disfrutemos de la pileta, y descansemos en las reposeras con la brisa del mar viendo el atardecer.

Aunque solo nos quedamos 1 día la isla no nos gusto. La combinación de la mala atención, poca infraestructura o alternativas la hicieron poco atractiva. Consideramos que puede ser un lugar encantador para aquellos que prefieren pasar todo el día en un resort de lujo disfrutando de sus comodidades frente al mar.

Si bien imaginamos que después de tantas islas todas nos iban a parecer similares, nos equivocamos. Cada una es diferente entre sí. Tienen su encanto particular, singularidad de paisajes, forma de vida, y vibra. Vale la pena recorrerlas todas.

Elegimos como último destino en el sur de Tailandia, y por recomendación, Ao Nang.  Una ciudad costera en la provincia de Krabi, que fue castiga por un terremoto en el 2004. Un destino turístico desarrollado, famoso por los amantes de escalada ya que se encuentra situada a metros de un acantilado de piedra caliza gigante.

Sin perder el tiempo, la primera noche alquilamos una moto y nos fuimos a un mercado nocturno que funciona solo los fines de semana. Como de costumbre, picamos de todo un poco, y rematamos con un fried ice cream de banana y oreo. Riquiiiiisimo! Aprovechamos la oportunidad y metimos los pies en unas peceras gigantes repletos de pecesitos que te hacen masajes comiéndote la piel muerta. La sensación es como poner el pie en un chorro de agua. Nos dejaron los pies lisos!!

Al día siguiente, conseguimos información fiable en el hotel y nos dirigimos a una serie de atracciones con la moto:

Emerald Pools: Una pileta natural incrustada en la roca, con agua totalmente esmeralda en donde podes refrescarte, nadar, y relajarte

Hot stream: Unas cascadas naturales de agua caliente que forman pequeñas piletas individuales en la roca. La temperatura del agua rondaba 40° por lo que resulto agobiante luego de 30 minutos, ya que afuera no bajaba de los 35°.

Tiger Cave : Un santuario incrustado en una cueva en la base de una colina. Accedimos hasta la cima después de 1237 escalones, algunos de los cuales los mas empinados que jamás habíamos visto. Tardamos aproximadamente 1 hora en subir y bajar, fue muy agotador, el sudor parecía una ducha y las piernas nos temblaban a punto de flaquear. Arriba nos esperaba como recompensa una vista maravillosa de toda la ciudad donde vimos el atardecer, seguido de un Budda y una campana gigante. Lo valió.

La mañana siguiente fuimos a la Península Laem Phra Nang y su hermosa playa de Rai leh. Solo accesible a través de botes taxis long tail en 10 minutos de naufragio.

Despues de un unas horitas de playa, alquilamos un kayak para llegar remando a la playa de arena blanquecina y agua transparente color jade Hat Phra Nang, que conforma una de las postales más bellas de Tailandia. Esta playa gobernada por la formación kárstica que se asoma al mar en la punta de la península y adornada por los islotes que parecen observarla desde el mar.
En el pie de la formación karstica, típica de Rai Leh, está la imponente cueva de Phra Nang, que dá nombre a esta playa, y en su interior se encuentra un pequeño altar y miles de penes de madera que significan fertilidad para los pescadores locales

En el islote de enfrente se asoma la pequeña playita de Hat Rai Leh West que se puede acceder caminando con el agua hasta las rodillas. 

Lastimosamente no pudimos tomar fotos del lugar por miedo a que se nos moje la cámara en el kayak.

Claro que un  lugar tan exclusivo como este solo tiene la opción de hospedarse en un majestuoso hotel llamado Rayavadee donde se puede bañar en sus playas privadas, o comer en su restaurante empotrado en la cueva. Para los menos afortunados nos queda la opción de saciar el hambre en los puestos arriba de los barcos ¨long tail¨ que se acercan a la playa con comida local.

Vuelta a la ciudad un masaje tailandes de 1 hora frente a la playa mientras llovia para aflojar las tensiones si es que las había.

Un spot increíble para decirle adiós al paraíso de Tailandia por un tiempo.

 

El 17 de mayo por la mañana partimos en un ferry que nos llevaría en solo 2 hs a Koh Phi Phi (La hermana menor). Una pequeña isla que fue azotada por un tsunami en 2006 pero se hizo popular entre la comunidad de backpackers como un destino imperdible.

Y así es. Un lugar inmerso en un parque nacional marino protegido donde no está permitido ningún vehículo a motor, ni tampoco hace falta. Las distancias a cualquier lugar son fácilmente caminables. Los locales se trasladan en bicicleta haciendo sonar su campana, o diciendo ¨pi pi¨, exigiendo el paso. También transportan provisiones y valijas desde el puerto en una especie de carretillas caseras.

Gente relajada, pintorescos botes ¨long tail¨ posándose sobre el agua turquesa, calles angostas colmadas de bares, restaurantes, puestos de souvernirs e innumerables centros de buceo hacen del lugar un sitio mágico

. Si bien las playas eran bonitas, no fueron de las más lindas que vimos, ya que estaban plagadas de barcos o recuperándose de la catástrofe.

Al otro día por la mañana, tomamos una excursión que atravesaba el parque marino, un lugar deshabitado por seres humanos pero abundante vida marina, dado que está prohibido pescar. Tuvimos la oportunidad de hacer Snorkell y ver cientos de pececitos que se acercaban a saludar.

La mayor atracción es, sin duda, la costa de la película ¨La Playa¨ (Maya Bay), protagonizada por Leonardo Di Caprio en 1999. Ya que estábamos en una embarcación pequeña la única posibilidad de acceder era por la ¨puerta trasera¨. Llegar nadando para luego balancearte entre unas sogas, mientras las olas te apaleaban, para finalmente alcanzar unas escaleras. Algo peligroso donde no era difícil lastimarse. El lugar soñado. Una postal.

Otra parada fue ¨la playa de los monos¨, una pequeña costa que se hace ver cuando baja la marea y se llena de monos en busca de comida que arrojan los turistas. Estos aún salvajes no son muy amigables, y Sabrina fue mordida por uno de ellos en la pierna al intentar sacarse una foto de cerca

. Nada grave, la llevamos al hospital local y le dieron la vacuna de la rabia para administrarse en 5 dosis.

Por la noche encontramos un restaurante de cocina italiana y en 2 ocasiones nos deleitamos con pastas y pizza. Muy lejos de las delicias argentinas y nada comparado con el pesto de mi viejo Tito, pero algo es algo a tantos kms de distancia.

De noche los espectáculos de fuego llenaban los bares de la playa. Mesitas bajas, pufs y juegos como el ¨Limbo¨ o saltar la soga de fuego al ritmo de la música. La gente participaba para ganarse ¨shots¨ o botellas enteras de alcohol. Super entretenido.

Al dia siguiente nos embarcamos para Koh Lanta (La hermana mayor), otra isla cercana, de influencia musulmana, esperanzados con encontrar playas paradisiacas donde terminar de formar un bronceado perfecto, pero en el puerto caímos en la tentación de confiar en un vendedor que nos ofrecía hermosos bungalows en un resort  con pileta, vista al mar, en la mejor playa de la isla.  Era todo casi cierto, lo que no nos dijo fue que no solo no estábamos en la playa principal, sino que alejado de bares, restaurantes o supermercados, muchos cerrados por la baja temporada

. La habitación básica. La playa era rocosa en marea baja, y no había arena en marea alta. Una decepción. De todas maneras no impidió que disfrutemos de la pileta, y descansemos en las reposeras con la brisa del mar viendo el atardecer.

Aunque solo nos quedamos 1 día la isla no nos gusto. La combinación de la mala atención, poca infraestructura o alternativas la hicieron poco atractiva. Consideramos que puede ser un lugar encantador para aquellos que prefieren pasar todo el día en un resort de lujo disfrutando de sus comodidades frente al mar.

Si bien imaginamos que después de tantas islas todas nos iban a parecer similares, nos equivocamos. Cada una tiene su encanto particular, singularidad de paisajes, forma de vida, y vibra. Vale la pena recorrerlas todas.

puket feria de juegos

Dejamos la isla de Kho Phangnan a las 7:00 de la mañana, para embarcarnos con rumbo a Phuket. Arrivamos a las 5 PM luego de 1 taxi, 1 ferry, 1 bus y 2 mini vans, que nos llevaron a lo que es la mayor isla, ubicada en el sudoeste de Tailandia, bañada por las aguas del mar de Andaman.

Nos hospedamos en un guesthouse prometedor, bien ubicado, en el centro del ¨Old Town¨ que habíamos reservamos de antemano por 3 noches

Esa misma noche tomamos un taxi y fuimos a un festival de música y comida local. Muy colorido y con una feria de juegos para chicos. Muy divertido.

Tiro al blanco – Feria Puket

Al dia siguiente rentamos una moto y la primera parada fue Patong Beach. Una playa colmada de gente, rodeada de cadenas multinacionales de hoteles y comida rápida, ostentosos resorts 5 estrellas, lujosos shoppings malls, miles de bares y cientos restaurantes ofreciendo frutos de mar. Sin duda lo más desarrollado turísticamente que vimos hasta ahora.

El segundo día en un recorrido por la isla visitamos el ¨Big Buddha¨. Una estatua de 50 mts de altura en la cima de una colina, visible desde prácticamente cualquier sitio.

El templo de Wat Chalong. Un predio con coloridos santuarios budistas decorados con cientos de figuras, pinturas y detalles donde los creyentes se reúnen a rezar de una manera muy peculiar

En el extremo sur de la isla, el cabo de Promthep donde se obtiene una hermosa vista panorámica desde el faro y un lugar favorito por los locales para ver el atardecer.

Esa noche fuimos a la famosa calla de Bangla. Tres cuadras que se hacen peatonales y despiertan cuando se oculta el sol. Un verdadero espectáculo. Una sensación de volver a una pequeña ¨Las Vegas¨. Luces brillantes, música fuerte, bares, y shows abundan por doquier. Inofensiva para un paseo nocturno, pero hay que ir con actitud ¨open mind¨ para muchas de las cosas que ofrecen. Sin duda un ¨must do¨ de Phuket¨.

Después de una noche movida, reservamos una excursión a la famosa isla donde se filmo la película de James Bond: ¨El hombre con el arma de oro¨. En un recorrido por 4 islas, que forman parte de un protegido parque nacional marino,  navegamos por aguas esmeraldas a través de islotes de piedra caliza en forma de hongo. Nos detuvimos a nadar, y en 2 oportunidades para embarcamos en pequeñas canoas entre cuevas subterráneas con la marea baja. Algo realmente sorprendente que nunca antes habíamos visto.

puket James Bond Island

Puket – James Bond Island

Si bien Phuket era, en un principio, un destino del que no teníamos muchas expectativas, nos termino sorprendiendo y enamorando. En un sitio donde apreciamos mucho la influencia budista: nos hartamos de los vicios terrenales, descubrimos nuevos sabores y aprendimos a tener paciencia para lidiar con los vendedores.

 

Dejamos la isla de Kho Phangnan a las 7:00 de la mañana, para embarcarnos con rumbo a Phuket. Arrivamos a las 5 PM luego de 1 taxi, 1 ferry, 1 bus y 2 mini vans, que nos llevaron a lo que es la mayor isla, ubicada en el sudoeste de Tailandia, bañada por las aguas del mar de Andaman.

Nos hospedamos en un guesthouse prometedor, bien ubicado, en el centro del ¨Old Town¨ que habíamos reservamos de antemano por 3 noches

Esa misma noche tomamos un taxi y fuimos a un festival de música y comida local. Muy colorido y con una feria de juegos para chicos. Muy divertido.

Al dia siguiente rentamos una moto y la primera parada fue Patong Beach. Una playa colmada de gente, rodeada de cadenas multinacionales de hoteles y comida rápida, ostentosos resorts 5 estrellas, lujosos shoppings malls, miles de bares y cientos restaurantes ofreciendo frutos de mar

. Sin duda lo más desarrollado turísticamente que vimos hasta ahora.

El segundo día en un recorrido por la isla visitamos el ¨Big Buddha¨. Una estatua de 50 mts de altura en la cima de una colina, visible desde prácticamente cualquier sitio.

El templo de Wat Chalong. Un predio con coloridos santuarios budistas decorados con cientos de figuras, pinturas y detalles donde los creyentes se reúnen a rezar de una manera muy peculiar

En el extremo sur de la isla, el cabo de Promthep donde se obtiene una hermosa vista panorámica desde el faro y un lugar favorito por los locales para ver el atardecer.

Esa noche fuimos a la famosa calla de Bangla. Tres cuadras que se hacen peatonales y despiertan cuando se oculta el sol. Un verdadero espectáculo. Una sensación de volver a una pequeña ¨Las Vegas¨. Luces brillantes, música fuerte, bares, y shows abundan por doquier. Inofensiva para un paseo nocturno, pero hay que ir con actitud ¨open mind¨ para muchas de las cosas que ofrecen. Sin duda un ¨must do¨ de Phuket¨.

Después de una noche movida, reservamos una excursión a la famosa isla donde se filmo la película de James Bond: ¨El hombre con el arma de oro¨. En un recorrido por 4 islas, que forman parte de un protegido parque nacional marino, navegamos por aguas esmeraldas a través de islotes de piedra caliza en forma de hongo. Nos detuvimos a nadar, y en 2 oportunidades para embarcamos en pequeñas canoas entre cuevas subterráneas con la marea baja. Algo realmente sorprendente que nunca antes habíamos visto. 

Si bien Phuket era, en un principio, un destino del que no teníamos muchas expectativas, nos termino sorprendiendo y enamorando. En un sitio donde apreciamos mucho la influencia budista: nos hartamos de los vicios terrenales, descubrimos nuevos sabores y aprendimos a tener paciencia para lidiar con los vendedores.

 

Llegamos al aeropuerto de Christchurch 4:15 de la mañana, casi 1.5 hs antes de nuestro vuelo, ya que el taxi se atraso en venir. Al momento de hacer el check-in en nuestra aerolínea budget, nos informan que al no pagar por despachar la valija, solo podíamos cargar 10 Kg en un bolso de mano y nuestras mochilas rondaban los 14 kg. Asi que nos quedaban como opción pagar lo equivalente a la mitad del pasaje para despacharlas o alivianarnos. La salida era clara: rápidamente tuvimos que desechar todo lo que no era fundamental (toalla, ropa, productos) y ponernos encima toda la poca ropa que nos quedaba ya que nuestros productos de tecnología y el peso de la mochila en si nos ocupaba los 10 kg reglamentarios.

Finalmente pasamos los controles y dejamos tierra maorí 6:30 AM. Despues de 20 hs: 11 hs de vuelo, 8 de escala en Australia y algunas horas que le ganamos al reloj por los husos horarios, tocamos tierra Tailandesa

. Arrivamos al imponente aeropuerto de Bangkok a las 10 de la noche. Una bataola de calor y humedad nos abofeteo: te cuesta respirar, y se te hinchan los pies. Asi y todo, tomamos tren y subte que parecían de primer mundo para llegar a la estación de tren de Hualampong cerca del barrio chino donde decidimos pasar la primera noche.

Con la idea de arrancar nuestra odisea con un merecido descanso en la playa,  la tarde siguiente nos embarcamos en el tren nocturno que nos llevaría a Kho Phagnan, una isla a unos 500kms al sudeste de Tailandia, cuna de la famosa Full moon Party que se festeja una vez al mes y convoca más de 30.000 personas.

Luego 20 hs entre tren,  bus, ferry y taxi finalmente llegamos a la tan ansiada playa de Haad Yao. Un lugar alejado al noreste de la isla rodeado de resorts, bungalows, bares y restaurantes en la arena. Un lugar tranquilo, con agua turquesa a 25 grados, arena blanca y palmeras.Rapidamente conseguimos alojamiento en un bungalow con vista al mar ubicado a solo unos pasos de la playa por tan solo USD14 con ventilador, mini fridge, baño privado y ducha de agua caliente. Los primeros días los destinamos totalmente a descansar. Playa, siestas, lectura, jugos de frutas y cenas de velas frente al mar.

Despues de 2 dias de solo relax, rentamos una scooter cuasi nueva a 200 Bth  para recorrer la isla. Las calles poco mantenidas muestran un contraste entre resorts y rusticos puestos de comida, agencias de turismo, taxis y masajes. Pasamos por Haad Rin. La playa preferida sin duda donde se festeja la full moon party

. Preparado plenamente para el turista europeo, música, limpieza impecable, topless, pero muy urbanizada, ruidosa y mas concurrida que las demas.

Pedimos prestados unos equipos de snorkell y fuimos hasta Kho Ma. Una pequeña isla separada por un banco de arena. No nos gusto demasiado.

De noche el ¨Panti Market¨. Un mercado nocturno en el centro del puerto repleto de puestos de comida ausente de toda higiene y precios irrisorios donde se puede experimentar comidas típicas tailandesas, jugos de frutas exóticos y pescados a la parrilla.

La primera impresión de Tailandia fue alucinante: El calor nunca afloja, vegetación tropical frondosa, gente relajada, actitud despreocupada, humilde, lleno de homosexuales y ladyboys.Sin embargo se vuelve muy fastidioso los continuos acosos de los taxistas, masajes, tuk-tuk y vendedores insistentes, como asi tambien luchar por conseguir un precio justo. Creo que ahora tengo una idea de cómo se sienten los europeos que vienen a la argentina con euros y caminan por florida.