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muro de los lamentos Israel

Despertamos del viaje en bus con la voz del chofer anunciando nuestra llegada a Jerusalén, y en el mismo momento que abrimos los ojos creímos haber retrocedido en el tiempo 2000 años. Nunca nos vamos a olvidar la primera impresión de esta ciudad cuando vimos todas las fachadas de los edificios a base de piedra, y cientos de hombres con un maletín en una mano y leyendo la torá (Libro sagrado judío) mientras cruzaban los semáforos caminando, vestidos completamente de negro con traje y piloto hasta pasadas las rodillas, la barba larga, los peyes* y sombreros de copa haciendo más de 40 grados de temperatura.

*Peyes: Tirabuzones de pelo que se dejan los hombres religiosos judíos a los lados de su cabeza por tradición y mandato religioso.

Jerusalén es el orgulloso centro religioso y cultural de Israel que por miles de años atrajo turistas y peregrinos de todos los rincones del mundo. Esta ciudad es una de las más antiguas en el mundo con más de 5000 años de historia y caminar por sus calles significa mezclarse entre lo moderno y lo antiguo siguiendo los pasajes de la biblia.

Nos hospedamos en la casa del ¨tío Carlitos¨, que nos atendió como si fuéramos príncipes para luego reencontrarnos con el resto de la familia con el propósito de asistir a la boda de Ariel (el primo de Sabrina) y Jazmín que se unió a la familia. La ceremonia fue sencilla, celebrada en las afueras de la ciudad, en la cima de una colina donde suele funcionar una bodega de vinos boutique. Nos deleitamos con la música y los platos típicos, debajo de un parral que filtraba la luz natural justa para la ocasión. Tomamos, bailamos y nos divertimos hasta entrada la noche.

Al otro día visitamos todos juntos un colorido mercado local y la famosa ¨ciudad vieja¨. Un antiguo fuerte que fue el hogar de profetas y reyes, donde hoy conviven los sitios más sagrados de las 4 religiones que constituyen más de la mitad de los creyentes en el mundo. Perdimos horas hurgando entre la mercadería de los shuks (mercados árabes) que se alojan a los lados de los interminables pasadizos de piedra que componen los distintos barrios religiosos donde algún día camino Jesús con sus apóstoles.

Más tarde íbamos a regresar a Jerusalén para visitar junto al tío Carlitos el ¨Yad vashem¨, el museo en memoria a las víctimas del holocausto. Allí se muestra la cruda historia, imágenes y videos de lo que fue la masacre más grande de la historia donde murieron más de 6.000.000 de personas, mayormente judíos, ante las garras de los despiadados nazis. El moderno museo cuenta con una compleja área de investigación y archivo donde recopilan documentos, objetos,  y testimonios fácilmente accesibles para aquellos familiares que aún siguen en la búsqueda incesante por conocer el destino de sus antepasados.