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Viajando Australia

Apenas pudimos localizar nuestro nuevo destino en el mapa. Un punto rojo minúsculo que sobresalía entre las extensas tierras del Noroeste de Australia nos marcó el camino.

Fitzroy Crossing es la puerta de entrada a la región de ¨Los Kimberlys¨ y una parada prácticamente obligada sobre la carretera norte para aquellos aventureros que se animan a cruzar las tierras desiertas que conectan las 2 ciudades principales del norte de Australia: Broome y Darwin.

Un pequeño pueblo de ley seca(*1), alejado y abandonado donde convergen 3 de los ríos más importantes de Australia haciendo que el río Fitzroy se vuelva uno de los más caudalosos del mundo y por supuesto sea propenso a fuertes inundaciones durante la temporada de lluvia. Allí viven poco más de 30000 habitantes en más de 300 comunidades aborígenes y nosotros, por los últimos 3 meses de estadía en Australia.

En ese remoto lugar de tierras aborígenes, donde es bien sabido que su cultura aún se encuentra muy presente, existe un resort con 50 habitaciones de hotel, unas 30 carpas de safari, un restaurante, un bar y un amplio parque para albergar los miles de turistas que llegan cada año en casas rodantes alucinantes con la más alta tecnología y comodidad. Allí conseguimos un contrato casual como ¨All-rounders¨(*2), aunque pasamos la gran mayoría del tiempo trabajando detrás de la barra del Bar donde todos los días, a partir del mediodía y hasta la noche, se amontonaban decenas de aborígenes que parecen solo conocer las 3 palabras de las bebidas más famosas: VB, Emu y Bundy o también conocidas como Green, Red y Black Can (colores de las latas de dichas bebidas).

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Estos extraños individuos con rasgos físicos muy particulares, son el reflejo de la raza viviente más antigua de la tierra y se cree que han habitado las tierras de Australia por más de 40.000 años. Son personas de perfil bajo, humildes, con gran sentido de pertenencia y una sabiduría ancestral invaluable de sus tierras y la naturaleza que los rodea.

15. Fotos del pueblo (2)

Hoy en día el gobierno le ha confiscado sus tierras para alquilársela a empresas mineras que pagan millones de dólares en impuestos, obligándolos decidir entre desplazarse a pequeñas comunidades para vivir según sus tradiciones en condiciones paupérrimas a cambio mantener sus beneficios de una casa, una tarjeta con crédito para comprar víveres y un pequeño subsidio que no tardan en malgastarlo en el bar cada semana o vivir marginados en las grandes ciudades sin gozar de dichos beneficios.

Más allá de nuestro extraño trabajo, la compañía nos proveía de las 3 comidas al día, acceso a  la pileta y al gimnasio y alojamiento muy cómodo dentro de la propiedad, el cual compartíamos con nuestros colegas, en su mayoría de origen australiano, formando una pequeña familia.

En este lugar de geografía salvaje habitado por las serpientes más venenosas del mundo, canguros, vacas, y una variedad incontable de insectos y pájaros, pasamos un primer mes y medio de calor agobiante que alcanzaba los 40 grados promedio y una plaga de grillos a la que sobrevivimos airosos.

Insectos y Rarezas (6)

Pasaron los días y la temperatura fue bajando y comenzaron a llegar nuevos compañeros que se iban uniendo a nosotros para enfrentar la temporada alta y aprovechamos nuestro tiempo libre para hacer un poco de turismo por la zona, entre días de pesca, asado y las tradicionales noches de charlas con cervezas de por medio que terminaban en una fogata.

Una experiencia única que nos permitió adentrarnos en una cultura australiana auténtica y  desinteresada, rodeada de los problemas sociales y económicos que enfrentan todos los días. Una parte de Australia que no está a simple vista y de la cual muchos hablan pero pocos conocen.

 

Mirá las fotos de Fitzroy Crossing aqui

Coober Pedy Trabajar en Australia

A los 3 meses de vivir en el mismísimo medio de la nada, tomamos la decisión de movernos. Si bien la experiencia fue fantástica,  nuestra propia naturaleza viajera nos impulsó a seguir camino. Además entre mochileros se rumoreaba que pasados los 3 meses de vivir en Coober Pedy se producía en uno un trastorno biológico que te generaba la necesidad de vivir allí por siempre, a cuestas de perder la cordura.

Nos dedicamos entonces a buscar trabajo en el Oeste de Australia (Lugar que teníamos planeado venir desde un principio)y ante los excelentes resultados estipulamos una fecha de partida. Citamos algunas entrevistas y nos tomamos dos semanas para recorrer tranquilos los 3200km que nos separaban del nuevo destino.

Nuestra primer parada fue Uluru-Kata Tjuta, un parque nacional aborigen ubicado en el centro/norte del país, que si bien significó para nosotros desviarse y agregar unos 1400kms más al recorrido,  todos nos convencieron de visitar una de las atracciones más famosas de Australia. Nunca estuvimos interesados en Uluru, ¨una piedra gigante¨ en el centro de Australia. Pero estando tan “cerca” (en distancias australianas) consideramos que era entonces o nunca.

Sin previas expectativas nos sorprendimos y dejamos  maravillar. Uluru es una roca sagrada para los Anangu *(aborígenes), formada de una sola piedra de 3.6km de largo y 348 metros de alto que siendo visitada en distintos momentos del día, se ve de distinto color: violeta al amanecer, naranja por la tarde y de rojo a bordó con la puesta del sol. Se encuentra rodeada de desierto total, excepto por sus rocas vecinas: “The Olgas”. Éstas son menos famosas pero igualmente espectaculares. Allí dedicamos 3 horas a recorrer el valle de los vientos, caminata que te lleva entre estas extrañas formaciones rocosas y al quedarse en silencio se escucha el sonido del viento y el atrapante cantar de los pájaros.

Unos 80km al norte del Uluru- Kata Tjuta National Park, se enuentra Kings Canyon, un cañón espectacular que ofrece vistas y formaciones totalmente surrealistas.  Recorrimos 6km por arriba de éste, siguiendo un camino bien marcado que te llevaba a través de los más increíbles avistajes, incluyendo el Jardín del Eden (un exuberante recoveco de plantas y pileta natural de aguas calmas en el medio de las rocas) y plantas que sobrevivieron a la época de los dinosaurios. Nos costó muchísimo más el descenso que el ascenso; no por el esfuerzo físico sino por la dificultad de abandonar uno de los lugares más bellos que hubimos conocido.

Luego de dos días de intensa caminata bajo el sol penetrante y el calor deshidratante, comenzó lo que sería la migración. Kilómetros y kilómetros de nada… acompañados solo de llanura, canguros, yuyos, moscas, lagartos y algún que otro ciclista totalmente desquiciado que no sabemos ni porqué ni cómo estaba recorriendo esa desolada ruta. (¿Habrá sufrido el trastorno “Coober Pedy”?….tal vez).

A los casi 4000kms desde la partida nos reencontramos al fin con el mar. Algo tan simple como una enorme masa de agua nos hacía en ese momento las personas más felices del planeta! Avanzamos así por la costa sur, visitando pueblos bellísimos, mayormente construidos y desarrollados por convictos cerca del 1850 y que hoy son hogar de paradisíacas playas y atracciones turísticas.

Durante todo el recorrido, nuestro hogar fue la Van, lo que convirtió cada noche en un desafío por encontrar un lugar donde parquear y dormir. Si bien al costado de la ruta hay paradas con dicho fin, en los pueblos es más estratégico y hay que estacionar entre las casas, haciendose pasar por un simple y estacionado auto vacío. Durante una de esas noches, en Yallingup (“Lugar de amor” según el significado aborigen), encontramos otras dos motorhomes estacionadas frente al mar y nos invitaron a dormir allí. Jhony y Waino, dos hombres australianos de unos aproximadamente 55 años, que han vendido todo y convertido su hogar en una casa rodante con domicilio indefinido.  Nómades y surfistas, dos locos con infinidad de anécdotas y lecciones de vida que nos dejaron pensando mucho con cada razonamiento que hacían.

Llegamos finalmente a la ciudad de Perth. Un nuevo desafío, aires renovados… un nuevo comienzo…

*Los aborígenes consideraban Uluru una roca que debía ser escalada por los niños para convertirse en hombre, y solo los fuertes lo lograban. Hoy en día el parque es administrado por el gobierno australiano pero es propiedad de los aborígenes, quienes reciben parte de las ganancias.

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Breakaways coober pedy

Los días en Coober Pedy pasan lento.  El sentimiento de desolación y aislamiento combinado con sus habitantes despreocupados nos impuso un estilo de vida relajado. Los días siempre soleados, las noches de luna con cielo inmensamente estrellado y la monotonía  de colores del paisaje semidesértico nos genera una sensación que jamás habíamos experimentado.

El pueblo se ha reducido a su mínima expresión ya que la nueva generación de jóvenes no quiere continuar con la tradición minera familiar y buscan un nuevo futuro  en las grandes ciudades donde estudiar y trabajar.  Sumado a que la moneda local se hizo fuerte en los últimos años y resulta muy caro vacacionar en Australia.

Los aborígenes, originarios de estas tierras por más de 4000 años, se volvieron los dueños del lugar. Las grandes empresas mineras pagan exuberantes cantidades de dinero por hacer uso de sus tierras y además el gobierno les brinda planes de vivienda, transporte y subsidios. Así y todo, merodean sin rumbo por el pueblo mendigando, vestido en arapos, y con un olor desagradable para luego alcoholizarse y gastarse la plata en las máquinas tragamonedas, a tal punto que está vigente una ley seca que solo te permite comprar una botella de alcohol por día.

En lo que respecta a nosotros, de a poco nos vamos adaptando. Además del trabajo, concurrimos a algún que otro evento social aislado que no tiene mucha convocatoria. (La feria de trash & treasure, DJ Sammy Party o festejos de las comunidades)…

Algunos cambios transcurrieron en este mes y medio:

Sabrina renunció a su trabajo original para conseguir otros 2 nuevos. Mesera en la pizzería más famosa del lugar y Cajera de supermercado. En éste último el mayor desafío fue familiarse con los cigarrillos: Escondidos en un placard fuera de la visual del público, con un packaging único e indiferenciable el uno del otro, ofrecen cajas de 20, 22, 26, 35, 40 y hasta 50 por caja.

Franco sin embargo sigue trabajando en el bar lidiando con aborígenes, turistas y mineros que se amontonan con historias y leyendas urbanas de afortunados que se han vuelto multimillonarios gracias a que encontraron opales, o fósiles de dinosaurios en las profundidades, o también hablan de un pasado salvaje donde los forajidos venían a ocultarse a este pueblo remoto y los explosivos podían comprarse en los supermercados como el pan o la carne.

Por otro lado nos mudamos a un dogout, una ¨casa topo¨  ubicada en el centro del pueblo  a solo 5 minutos caminando de nuestros trabajos. Encontramos la privacidad, comodidad y silencio que estábamos buscando.

Hicimos amistades con lugareños y viajeros con quienes nos juntamos a menudo para compartir nuestras experiencias con unos tragos de por medio.

Sin duda la época de esplendor del pueblo quedó atrás y aquellos días dorados de fiestas excéntricas, de  bares y restaurantes abiertos 24 hs, de torneos de futbol los fines de semana, de fiestas culturales, solo quedan en la memoria de aquellos que se quedaron para contarlo o forma parte de un folleto turístico en la oficina de informaciones.

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